CERN, líneas temporales y la gran pregunta: ¿y si sí?
Hay temas que una no puede tocar sin que alguien, en algún rincón de internet, saque inmediatamente el sombrerito de aluminio.
Y bueno… a veces también dan ganas de sacarlo, acomodarlo bien y decir:
“A ver, cuéntame más.”
En esta charla entre amigos nos fuimos por uno de esos caminos extraños, fascinantes y deliciosamente incómodos: el CERN, los aceleradores de partículas, las teorías sobre líneas temporales y todo eso que, oficialmente, pertenece al mundo de la ciencia… pero que en el imaginario colectivo se ha convertido también en territorio fértil para preguntas muy raras.
Porque cada vez que se habla de que el CERN se enciende, se apaga, se reinicia o hace alguna prueba importante, en ciertos grupos vuelve la misma idea:
¿Y si algo se mueve?
¿Y si algo cambia?
¿Y si no estamos exactamente en la misma línea temporal de antes?
Claro, desde la mirada racional podemos decir: “no, no exageremos, no hay pruebas de que un experimento científico esté moviendo nuestra realidad como si fuera una pestaña de navegador”.
Pero desde la mirada simbólica, energética y conspiranoica —esa que no necesariamente afirma, pero sí se atreve a preguntar— el tema se vuelve mucho más interesante.
Porque aunque el CERN no estuviera “abriendo portales” ni “rompiendo la realidad”, hay algo curioso en la manera en que colectivamente sentimos ciertos cambios. De pronto el tiempo se siente raro. Los días pasan distinto. Las personas se comportan extraño. Los recuerdos no siempre coinciden. La percepción se desacomoda. Algo en el ambiente parece decirnos:
“¿Estás segura de que todo sigue igual?”
Y ahí empieza el juego.
No como dogma.
No como miedo.
No como “ahora todo es culpa del CERN”.
Sino como una conversación abierta sobre esa sensación tan extraña de estar viviendo en una realidad que, por momentos, parece haber cambiado de frecuencia.
También hablamos del fenómeno del fútbol, de cómo los eventos colectivos mueven emociones, masas, identidades, pasiones y hasta líneas de pensamiento. Porque, seamos honestos, a veces un partido parece más que un partido: parece un ritual colectivo donde millones de personas descargan frustración, esperanza, pertenencia, enojo y fe.
Y entre fútbol, CERN, cambios internos y chismecitos de aquí y de allá, queda flotando una pregunta que tal vez no necesita respuesta inmediata, pero sí merece ser escuchada:
¿Y si sí?
¿Y si sí estamos cambiando de línea temporal?
¿Y si sí hay momentos en los que algo se reacomoda?
¿Y si sí la realidad no es tan fija como nos enseñaron?
¿Y si sí estamos entrando, poco a poco, en una versión distinta de nuestra propia vida?
Y si fuera así…
¿cómo lo sabríamos?
Tal vez no por una explosión en el cielo.
Tal vez no por una señal dramática.
Tal vez lo notaríamos en cosas pequeñas: en decisiones que antes no podíamos tomar, en personas que se alejan solas, en caminos que se abren, en deseos que regresan, en una claridad nueva, en una sensación de “ya no pertenezco a lo mismo”.
Tal vez cambiar de línea temporal no se siente como ciencia ficción.
Tal vez se siente como volver a elegirnos.
Así que dejemos la pregunta abierta, con humor, con curiosidad y con ese gustito de mirar la realidad de reojo:
¿Y si sí?
¿Y si sí cambiamos de línea temporal a una mejor?
¿Cómo lo sabremos?
Quizá lo sabremos cuando nuestra vida empiece a sentirse un poquito más nuestra.
Con amor,
Maryan Diaz
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