La empatía también cura
Esta vez, en medio de una experiencia difícil, confirmé algo profundamente humano: la empatía también cura.
Ir a un hospital casi nunca es algo ligero. Una llega con miedo, con preguntas, con el cuerpo tenso y el corazón acelerado. A veces no es solo el procedimiento o el dolor lo que pesa, sino la incertidumbre, la sensación de vulnerabilidad y ese cortisol que se dispara hasta el cielo.
Por eso hace una diferencia inmensa encontrarse con médicos que explican todo con claridad, con paciencia y con respeto. Personas que no minimizan lo que una siente, que saben que informar también calma, y que una explicación oportuna puede devolverle al alma un poco de suelo bajo los pies.
También hace una gran diferencia la gentileza de quienes reciben a los pacientes. Una recepcionista amable, una voz serena, una mirada atenta, una actitud humana… todo eso parece pequeño, pero no lo es. En momentos delicados, esos gestos ayudan a bajar el miedo, a desactivar la ansiedad y a evitar que una salga todavía más alterada de lo que llegó.
A veces pensamos que en un hospital solo importa la parte médica. Pero no. También importa el tono, la forma, el trato, la calidez. Porque incluso la experiencia más dura puede volverse más gentil cuando está sostenida por humanidad.
Y eso también debería recordarse más: no solo sana el medicamento, no solo ayuda el procedimiento. También sosiega, acompaña y repara la empatía.
Con amor,
Maryan Diaz
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