Volver a casa no siempre es huir

 Hay lugares que no se van de una.

Aunque pasen los años.
Aunque la vida cambie.
Aunque una intente adaptarse a otros ritmos, otras calles, otros modos de mirar el mundo.

Hay lugares que se quedan dentro del cuerpo, en la memoria, en la forma de respirar, en la manera en que una reconoce la belleza.

Para mí, Italia es uno de esos lugares.

No fue una etapa perfecta. También hubo dolor, pérdidas, soledad, decisiones difíciles y momentos en los que me sentí perdida. Pero incluso en medio de todo eso, Italia fue también un lugar donde me encontré muchas veces. Donde aprendí, crecí, busqué, renací y fui amada por personas que me aceptaron sin demasiadas explicaciones.

A veces he dicho que no quiero volver. Tal vez porque volver también da miedo. Porque una no quiere hacerse ilusiones inútiles, ni construir fantasías sin base, ni confundir nostalgia con destino.

Pero hay verdades que el alma ya no puede negar.


Italia vive en mí. 

Vive en mí cuando veo sus paisajes, cuando escucho y hablo su idioma, cuando aparece una imagen de sus calles, su moda, su comida, sus pueblos, su mar, sus lagos, su manera tan particular de vivir lo cotidiano. Vive incluso en esas pequeñas tonterías italianas que me hacen sonreír porque me recuerdan una parte de mi historia.

Y tal vez volver algún día no sería una huida.

Tal vez sería un regreso.

No un regreso desesperado.
No un impulso.
No una fantasía.

Sino una posibilidad tranquila, pensada, madura. Un horizonte que se mira con los pies en la tierra y el corazón encendido.

También he comprendido algo importante: amar a mi familia no significa dejar de vivir mi propia vida. Ser madre no significa quedar atrapada para siempre en la culpa, en la deuda emocional o en el papel de quien siempre debe estar disponible para todos.

Podemos amar profundamente y aun así elegirnos.
Podemos reconocer errores del pasado y aun así perdonarnos.
Podemos comprender el dolor de otros sin aceptar ser tratadas como si nuestra vida no importara.

Yo ya no quiero vivir desde el castigo.

Quiero vivir desde la verdad.

Y mi verdad, hoy, es esta: hay una parte de mí que sigue perteneciendo a Italia. No como obligación, no como nostalgia ciega, no como idealización, sino como memoria viva de un lugar donde una parte de mi alma aprendió a respirar.

Quizá no sea hoy.
Quizá no sea mañana.
Quizá ni siquiera sea pronto.

Pero ya no quiero negar ese llamado.

A veces volver a casa no significa retroceder.
A veces significa regresar a una parte de nosotras que dejamos esperando.

Y si algún día vuelvo, quiero hacerlo ligera. Con lo esencial. Con amor. Con mi historia reconciliada. Con mi música, mis recuerdos, mis sueños, mi gata, y la certeza de que no regreso para huir de nada.

Regreso porque también merezco vivir donde mi alma respira.

Con amor,
Maryan Diaz

Comentarios

Entradas más populares de este blog

CERN, líneas temporales y la gran pregunta: ¿y si sí?

Quién soy yo

Espiritualidad sin dogmas